21 de octubre de 2014

Campo de pulpos

La mañana que desperté con un pulpo sobre el corazón, fue la misma mañana en la que amaneció octubre retrógrado con sus angustias y sus simulacros de evacuación.

Recuerdo aquel domingo posesivo. El pulpo se aferraba a mi corazón y yo me aferraba a una memoria que conmovía mi alma. Lo amargo de la soledad sólo se disimula con café, así que corrí por mi taza en la que yace toda la flora de mis mejores historias y en medio de un sorbo, apareció sorpresivo el relámpago de todas las ausencias.

Frente a la ventana de persianas doradas, con mi café vanguardista entre mis manos, repasé mi monólogo más sombrío, el discurso más verdadero en el que pido paz incesantemente, porque en este espacio vacío sólo tengo la tristeza como tiro en pecho, sólo tengo el silencio como basura en el ojo y la soledad como callosidad en los dedos.

Todo es tan sensible en este punto. ¡Dame paz! y no aprietes tanto el corazón, por favor.

20 de octubre de 2014

En la carretilla

Ya he conocido a esa gente triste que camina pisando el velo de pensamientos corrosivos, pisando minas, pisándose ellos mismos

Esos que cabizbajo, se bañan cantando sus penas
 
Ya los he visto, los he oído hablar, intentando con frases controversiales querer sacar el monstruo que llevan en si
 
Los he visto caminar enloquecidos, no siendo más que el espacio vacío que son, porque es a lo que se resumen

He visto sus sonrisas apretadas, cansadas, que salen aún sabiendo que nada cambiará pero con la que se aferran a la vida
 
Los he sentido en mi pecho, silenciosos, taciturnos, aislados. Estando pero a la vez no, con la cabeza vencida, con las manos frías
 
Con el azul corazón como Grecia. Hechos café de madrugada y con cigarrillos como héroes

Los he oído relatar epopeyas, relatar sus fantasmas, relatarse ellos mismos: porque sino explotan, lo juro que explotan

Y ya los he visto luego, como Hiroshima. Ya los he olido, como cualquier versión barata de Chernobyl

Ya los he tocado empapados en sus dudas, ahogados, perdidos
Buscando un hombro, buscando a alguien o no buscando a nadie

Sí, son esa gente triste que camina por aceras, que camina y sólo camina
 
Que se suicida cada vez que recuerda, cada vez que extraña, que añora. Que se une a la oscura parte del sol

He vivido en sus soledades eternas, en sus soledades concurridas, en sus soledades tan reales como el cartón
 
Y he podido amarlos, salvar el amor propio, amar la lluvia de colillas de cigarrillos llenos de poesía para desechar los lunes 
 
incluída la lucha por sostener sus manos temblorosas de olor a otoño sombrío que te sorprenden cuando te miras al espejo.

Amar

Si encuestas al alba y cantas, silbas, saltas.
Si intentas convencer al aire y te ríes con él.
Si te reflejas en la sombra y la historia de las 6
se la relatas al café.

Si sonríes cada tanto en tus soliloquios y
luces como acróbata cuando el sol se marcha.
Si huyes de los osos hormigueros,
protegiendo tu estómago.

Si tienes más de 10 minutos de retraso 
de tu sueño.
Si te conviertes en marino y se mezclan
las olas con el ancla

Si tu letanía es un nombre
y te resumes, incesante,
en cada verso del noticiero
ya le encontraste la quinta pata al gato

Maullido a medias

No, no logro entenderlo
Vi de pronto una imagen,
muchas imágenes más:
La vía, aceleración,
la poca claridad,
todo atroz, fugaz

¿Dónde está la buena vía?
Voló. Zarpó,
seguramente
No dudó en escabullirse del trono

Tengo un poco de frío
Recuerdos que me hablan, alguien, tú...
Ahora siento mis mejillas con hormigas,
me siento como dormida.

Te diviso lejos y así sé
que no eres en realidad tú
Estas cosas me dan sueño, pero en cambio,
hoy quise llorar

De cualquier modo el secreto tóxico de
diamante y de cristal es la cara del sol
No creo que haya nadie, ni siquiera
acá abajo, donde no sé si soy yo

Y me siento confundida
A dónde me dirijo, acaso.
No tengo pies ni brazos
y no te asomes porque te irás

Yo la vida, tú quién sabe

El loco de cualquier forma es bello,
aunque le espante el maullido de
un gato y suela usar pleonasmos
cuando yo le hablo de universos

Se siente vacío y un poco extravagante,
el exceso es la utopía

Te dejo porque ya me estoy
viendo repentina
y no quiero admitir el espejo
Estoy como cualquier homicida,
sintiendome vulgar, espacial

En alguna otra latitud si no fuera
por los huesos pesados retenedores
Ah, dame paz.
Todo está un poco gris y lento

¿Qué piensas de mi colección
de miradas que te mostré fugazmente
porque el tiempo es corto?

Ha disminuído todo hace tanto,
hace tanto y cuando la imagen cambia,
cambiamos.

Eres tú, frágil pétalo erizado...
Vuelve a convertirte en aire,
no me dejes sola

16 de julio de 2014

Epílogo


Vuelvo a mi cama. Es el único sitio al que podría volver en este estado de descomposición, el único lugar que podría, quizás, calmarme. Aunque me sienta tan aparte, sigo siendo pieza de todo. Sigo estando en este infinito espacio, sólo que en un sitio donde la fuerza gravitacional hace tanto de las suyas que las gotas caen incesantemente en mi.


Estoy sola, de esas soledades que te desvanecen cuando caes en cuenta (quizás por la mismísima gravedad) que no hay nada y todo está agotado, que quizás eres demasiado sombra.

Es demasiada soledad que controlar cuando ataca la madrugada y las palabras decepcionantes chocan.

Es demasiada soledad para un cuerpo que pesa lo mismo que una pluma, un cuerpo frágil, esbelto, que toma la forma de la noche oscura y balancea sus sentidos en metáforas de mañanas sin café.

Y es un acto de supervivencia respirar; inhalar hondo buscando -irónicamente- más espacio vacío de lo que hay.  Ese espacio consecuente de la mudanza de tantas cosas, que ahora está deshabitado, lleno de telaraña. Espacio oscuro que ni siquiera guarda la pequeña luz que existe dentro de cada uno de nosotros.

Hoy podría decirse que durante este apagón mundial no hay nadie que prenda velas, ni que saque algún juego de mesa para pasar el tiempo de espera...

Era tan predecible el momento del quiebre. Se escuchaban los rumores del derrumbe, los sonidos del silencioso desplomo. Y exactamente pasó, como una bala perdida caí. Como un soldado caí y tan sólo me siento como Napoleón en la Batalla de Leipzing.. Ya sólo queda quemar los restos de la guerra, los cadáveres que no pasarán a ser otra cosa que fantasmas. Hoy todo lo sé y eso es nada... Y aunque nada, se ahoga, y yo me ahogo también.

4 de julio de 2014

Dijo el gato

Cuando uno silencia el grito surgen unas cuantas vertiendes. Puntos inconclusos, sin direcciones ni caminos concretos. Uno es lo que elige, por eso siempre nos obligan a elegir, sólo para cumplir con el principio de la existencia. Pero a veces la situación se torna radical. Por eso, en esos casos, prefiero ser a medias ya que las opciones polarizadas desgastan.

Así me desvanezco, mientras controlo mi mirada junto al lenguaje corporal aguantado.

Hay opciones. Siempre las hay. Quizás la más aceptable ante el abismo es simplemente la de no pertenecer ni permanecer. Ser fugaz y responder poéticamente a las ganas de huir.

Alejarse. Alejarse antagónicamente. Alejarse de todo y de nada, y allí es cuando tu existencia da un salto por la duda eterna: Si todo y nada es lo mismo ¿de qué te alejas, qué es todo y qué es nada? En ese caso, existimos y no. Fluye y no, pero ¿qué es lo que fluye?

3 de julio de 2014

Podría intoxicar


















Podría estar causando algún daño sin querer
Podría estar generando una explosión a distancia
sin saberlo o sin querer saber
Ser responsable y aún así no ser culpable de la culpa en sí

Si hay cosas que no puedo dar
Qué puedo hacer
Qué esfuerzo, grande o pequeño
si quizás ni siquiera quiero

Podría estar produciendo muerte
Podría estar entre algún nudo, asfixiando 
Todo eso lo podría estar haciendo el silencio
Todo mis manos que no tocan nada.. 

No quiero ser granada
Sólo ser yo.. 
así...
dispersa.

Podría alejarme o mirar hacia otro lado
seguir siendo el mismo pensamiento corrosivo
O tal vez podría salvarte 
romper el cajón y decir alguna palabra

Intentar no hacerlo inconcluso
Intentar la correcta dirección
Intentar la claridad
Pero nada hago y el ave sólo muere.